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domingo, 21 de agosto de 2011

poema

Lee en mi piel lo que mi cuerpo quiere,
que mis besos te digan lo q yo no m atrevo,
dibuja en mi espalda con tus manos tus anhelos,
que tus ojos me transmitan tus miedos
para que yo pueda hacerlos desaparecer cn una caricia.


Enseñame la ciencia de los sueños,
como se cumplen las fantasías
y como se alejan las pesadillas.

Como se cura el dolor del pasado,
como se disfruta la felicidad del presente.
Muestrame la seguridad de tus brazos,
el camino que me aleje de mis tormentos.
Pon en mi esa confianza que me falta,
que yo no soy capaz de tener en mi misma.


Calma este dolor, curame esta herida
apaga este frio q m recorre el cuerpo.
inundame con el calor de tu corazon
enseñame que sabes amar
que no soy solo un juguete para ti


Nana

jueves, 18 de agosto de 2011

"Tengo ganas de ti" Federico Moccia

"Lo noto. Noto sus manos, noto que me toca entera, que me quita hasta las ultimas prendas que llevo encima, dulcemente, sí, casi sin que me dé cuenta… ¿Y ahora qué? No, ayuda… se está metiendo. Dios mío, que palabra, no quiero ni pensar. No quiero estar aquí pensando, viéndome desde fuera examinándome, desdoblándome, teniendo esta mente que sigue hablando, diciendo… Oh, pero ¿qué quieres?... Basta, suéltame… ¡No! Quiero relajarme. En la cuna de su amor, en este mar, en el deseo, lentamente dejarme llevar por sus corrientes. Perdida. Sí, sin pensamientos. Perderme así entre sus brazos… Ahora sí.
Un repentino silencio. Siento el perfume de su respiración, de su deseo. Y busco su boca, su sonrisa, sus labios. Los encuentro y casi me zambullo en ellos para esconderme, para encontrarme, en un beso más largo, más profundo, más envolvente, más.. Más todo. "

"Un gemido más fuerte y ahora es mía. Resulta extraño pensarlo. Es mía, mía. Mía hoy, mía ahora… Mía en este momento, solo mía. Me da por pensarlo. Mía. Mía para siempre… Quizá. Pero ahora, sí. Ahora es amor… Dentro de ella. Y aún más, y otra vez, y aún más, sin parar… Ahora sonríe, dulcemente, sin pensarlo demasiado."
- Tengo ganas de ti.


sábado, 25 de diciembre de 2010

Las Edades de Lulú



"Los demás me daba igual.
El pudor me estorba poco cuando me estoy divirtiendo,
y aquella noche me estaba divirtiendo de verdad."
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"Durante un tiempo intente contenerme, no abandonarme, estarme quieta, sin mostrar complacencia y con todo el cuerpo pegado a la colcha, la cabeza recta; pero advertí que mi piel empezaba a saturarse.
Conocía bien las etapas del proceso, los poros erizados al principio, después calor, una oleada que inundaba mi vientre para desparramarse luego en todas las direcciones, cosquillas inmotivadas, gratuitas, en las corvas, en la cara interior de los muslos, alrededor del ombligo, un hormigueo frenético que preludiaba el inminente estallido, hasta que un muelle inexistente pero de potencia fabulosa saltaba de pronto dentro de mí, me propulsaba con violencia hacia delante, y ése era el principio del fin, la claudicación de todas las voluntades, mis movimientos se reducían en proporciones drásticas, me limitaba a abrirme, a arquear el cuerpo hasta que notaba que me dolían los huesos, y mantenía la tensión mientras basculaba armoniosamente contra el agente desencadenante del fenómeno, cualquiera que fuera, tratando de procurarme la escisión."
.



"Rodé sobre las sabanas hasta instalarme en su lado,
y me concentré en rastrear su olor.
Al final encontré una nota reveladora encima de la almohada,
atrapé con los dedos el pedacito de tela para pegarlo contra mi nariz,
y me quedé inmóvil, encogida, sonriendo,
colgada de aquel olor, dejando pasar el tiempo."

lunes, 20 de diciembre de 2010

jugar cn fuego



"el que juega con fuego se quema...
y yo estoy deseando arder entre tus brazos"

Es fácil provocarte... en general es fácil provocar a los hombres... solo hay q decir las palabras adecuadas, y se encienden...
me gusta picarte, seguirte el juego y q tu m lo sigas a mi... no son faroles, no estoy jugando cn el lobo para luego salir corriendo... me encantaría pasar una noxe cntigo, los dos solos, liberando esta ansiedad q tengo dentro...
pero a veces pienso, q si lo hago, perderé las pocas oportunidades q pueda tener dq me tomes en serio... para mi no es solo un juego...
si me dejo llevar, para ti perderé interés... pq seré una mas q pasa por tu cama... y no kiero ser solo eso...
lo kiero todo... kiero esa noxe los dos juntos, solo abrazados, sitiendo tu calor y rodeandome de tu perfume, sentir ese algo especial q hace tiempo q no siento, q hace tanto q nadie me da
tb kiero saciar este hambre de carne q tengo, este calor q me sube por las piernas y m recorre el estomago, estas fantasíaa q mi cabeza crea sin control...
lo quiero todo!!

"I could be your everything if you let me... if you let me"

Nana

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Me gusta seducirte...



Te iré conquistando poco a poco.
Sentirás ansia por tocar mi piel, avidez por oír mi voz
No podrás respirar si no es mi perfume.
El color del mar te parecerá anodino en comparación con el de mis ojos.
Sentirás dolor por probar mis besos.
Encenderé tu cuerpo con una sola mirada.
Soñaras con mi cuerpo entre tus sabanas.
Te imaginaras dibujando el contorno de mi cuerpo con tus manos.
No habrá música más melodiosa que el sonido de mi risa.
El mundo desaparecerá alrededor cuando te abrace.
Mi ilusión será tu inspiración, mi felicidad tu propósito, mi tristeza tu sufrimiento.
Verás mi imagen en la luna.
No sentirás calor si no es entre mis brazos.
... sé que será así Lo sé porque es lo que me pasa a mí contigo...

Déjame ser tu pecado, que mi nombre te inspire lujuria.
Olvidemos el mundo y demos rienda suelta a nuestras fantasías.
Que tu instinto te guíe hasta mi cama, y te arrullen mis gemidos.
Sueña mis besos, siente mis caricias, alimentate de mi piel.
Se esclavo de mis juegos, la diversión de mi cuerpo y mis lascivos pensamientos.

Nana

martes, 22 de junio de 2010

extasis entre las sabanas

Con la piel erizada por tus caricias, los labios hambrientos de tus besos, y el corazón desbocado por tus susurros. Me miras a los ojos y estudias en sus profundidades ámbar, mientras yo me pierdo en tu mirada esmeralda.

Me deleito en el sabor de tus besos y su suavidad. Abrazada a tu pecho siento la fuerza de tus latidos, con su ritmo constante. En la cama somos como una pareja de baile, con movimientos suaves y sincronizados.
Tú aroma me hipnotiza, siento el calor que emite pegado a mi cuerpo como si fuera yo quien estallara en llamas. Mis manos se enredan en tu pelo alborotado y mi palidez hace contraste con el tono bronce de tu piel.
Tus manos se pasean por mi espalda desnuda haciéndome sonreír, mis pechos reaccionan al instante a tus besos. Todos mis sentidos están pendientes de tus experimentadas manos que conocen cada milímetro de mi cuerpo y saben como hacerlo temblar, mientras tu lengua juguetona me tortura sin descanso.
Esas mismas manos que entre mis muslos me hacen perder el sentido. Mi espalda se arquea mientras sonríes de suficiencia ante mi reacción a tus besos más íntimos. Disfrutas torturando mi cuerpo deseoso de ti.
Acariciándote con mi pelo mientras te beso el pecho, la barriga, el ombligo… ruges de placer por el calor de mi boca y el movimiento de mi lengua, y siento como te estremeces entre mis manos. Ahora soy yo la que tiene el control y disfruta atormentando tu cuerpo.
Rodeados de jadeos y el ronroneo del placer nos encadenamos el uno al otro. Mis piernas ancladas en tus caderas y tus manos a mis caderas, montada sobre ti perdiendo la consciencia del mundo que nos rodea, con si una muralla de fuego que nos aisla de todo.
Con un movimiento inesperado mi cuerpo aparece encarcelado entre las sabanas y el armazón que es tu pecho, rodeado por tus brazos mis pies se entrelaza a ti para no dejarte escapar.
Alcanzamos ese estado de éxtasis al que solo nuestros cuerpos unidos son capaces de llevarnos.



Nana

lunes, 22 de marzo de 2010

deseo y placer

Tu deseo es mi Placer...












Quiero satisfacer tus instintos más lujuriosos
quiero cumplir tus más lascivas fantasías
que mi cuerpo sea tu excitación
producirte escalofríos y jadeos
que el deseo te haga soñar conmigo
que poseerme sea tu obsesión


Nana

sábado, 13 de marzo de 2010

Piropo

"Cuando más hermosa estás,
es en la cama, desnuda...
mientras te estrecho entre mis brazos"

El Principe de Nana

sábado, 27 de junio de 2009

Los Primeros Ritos de Ayla

- Eres una mujer excitante, Ayla. - dijo; y su mirada confirmaba su convencimiento.
- ¿Excitante? Excitante es… cabalgar velozmente montada a Whinney… o Bebé, ¿no es cierto? – estaba confundida
- Cierto. Y también lo es Ayla, para mí… y bella.
- Jondalar, estás bromeando. Una flor es bella o también el cielo cuando el sol se pone en el horizonte. Yo no soy bella
- ¿No puede ser bella una mujer?
Se apartó de la intensidad de su mirada.
- Yo… yo no sé. Pero yo no soy bella. Soy grande y fea.
Jondalar la puso de pie, la cogió de la mano y la hizo incorporarse.
Era irresistible, allí tan cerca de ella. Vio que se había vuelto a afeitar. Los pelitos de la barba solo se veían de cerca. Sintió deseos de tocar su rostro suave y áspero a la vez, y los ojos que la miraban la hacían sentir como si pudieran penetrar dentro de ella.
- Es gracioso, pero la mujer más bella que he visto en mi vida cree que es fea.

Ayla oía, pero estaba demasiado hundida en los ojos que la retenían, demasiado conmovida por la respuesta de su cuerpo, para fijarse en las palabras. Lo vio acercarse más, inclinándose, poner sus labios sobre los de ella, rodearla con sus brazos y pegarla a su cuerpo.
- Jondalar – suspiró – me gusta ese boca a boca.
- Beso – dijo él -. Creo que ya es hora, Ayla, los Primeros Ritos.
Se sentaron en las pieles.
Sonrió, se inclinó y la besó. Ella se recostó en él, pero se sobresaltó al sentir que se abría la boca del hombre y que su lengua intentaba entrar en su boca. Se echó hacia atrás.
- ¿No te agrada? – Ayla lo miró confusa; “Despacio, no la apremies” – ¿porque no te tiendes y te relajas?
La empujó con suavidad, después se tendió a su lado. Descansando sobre el codo. La miro, volvió a besarla. Espero hasta sentir que ya o estaba tensa y acaricio ligeramente sus labios con la lengua. Se levanto un poco y vio que su boca sonreía pero que tenía los ojos cerrados. Cuando lo abrio, se inclinó para volver a besarla. Ella se tendió para acercarse a él. La beso presionando más y abriendo. Cuando su lengua intento entrar, Ayla abrio la boca para dejarle.

Jondalar sonrió. Estaba interrogando, probando, saboreando y le complació que no lo encontrara insatisfactorio.
Volvió a besarla, explorando suavemente los labios, el cielo de su boca y bajo la lengua. Entonces siguió con los labios la línea de la mandíbula. Encontró la orejita. Sopló su aliento en ella, le mordisqueó el lóbulo y cubrió la garganta de besos y de caricias con la lengua. A continuación regresó a la boca.
- Si tienes calor, ¿por qué no te abres el manto?
- Está bien, no tengo calor.
- ¿Te importa si lo abro yo?
- ¿Por qué?
- Porque lo deseo – la besó de nuevo, tratando de deshacer el nudo.
- Yo lo abriré – hábilmente soltó la correa y la desenrollo. El mando de piel cayó al suelo y Jondalar jadeó.
- ¡Oh, mujer!- dijo, con voz de deseo, y los ijares se le crisparon - ¡Ayla! ¡Oh, doni, qué mujer! – la besó apasionadamente en la boca, hundió el rostro en el cuello de ella y aspiró su calor. Respiró muy hondo para tratar de dominarse.
- ¿Pasa algo malo?
- Solo que te deseo demasiado. Quiero que todo esté bien para ti, pero no sé si podré. Eres… tan bella y mujer!!!
- Todo lo que hagas estará bien Jondalar.

La besó de nuevo, más suavemente, deseando más que nunca proporcionarle Placer. Acarició su costado sintiendo la plenitud de su seno, la depresión de su cintura, la suave curva de la cadera, el músculo tenso del muslo. Ella se estremecía bajo su mano, que acarició los rizos dorados del pubis y subió por el vientre, hasta llegar a la hinchazón turgente de su seno; sintió cómo se endurecía el pezón bajo su caricia.
Besó la diminuta cicatriz de la base del cuello; entonces buscó el otro seno y succionó el pezón con la boca.
- ¿Quieres que te de Placer Ayla?

La estaba mirando: el cabello dorado, revuelto sobre la piel, le enmarcaba el rostro. Sus ojos dilatados, profundos y dulces, brillaban como fuego oculto y parecían llenos como si fueran a derramarse. La boca le tembló cuando quiso contestar; entonces asintió con la cabeza.
Jondalar besó un ojo cerrado y después el otro, y sintió una lagrima. Saboreo la gota salada con la punta de la lengua. Ella abrio los ojos y sonrío. Jondalar le beso la punta de la nariz, la boca y cada pezón.

Se tendió junto a la joven, llenándose los ojos de ella. Su cabello suave, esplendido, sus ojos, rebosantes y llenos de expectación, su cuerpo magnifico; toda aquella mujer esperando que la tocara, esperando que despertara en ella las sensaciones que él sabia que estaban allí. Quería que durara esa toma de conciencia `por parte de ella. Se sentía más excitado que nunca anteriormente en los Primeros Ritos de una novata. Ayla no sabía que esperar, nadie se lo había dicho, nadie se lo había descrito con detalles claros y extensos.
Ayla estaba quieta, sin mover un músculo pero estremecida. Sentía como si estuviera esperando desde siempre algo que no podía nombrar, pero que él podía darle. Con solo sus ojos podía tacarla hasta dentro; ella no podía explicar la palpitación, los efectos deliciosos de sus manos, su boca, su lengua, pero ansiaba más. Hasta que él le había dado a probar el sabor, no sabía cuánta hambre tenia, pero una vez provocada ésta, tenia que saciarla.
Cuando sus ojos quedaron satisfechos, los cerró y la besó una vez más. Ella tenía la boca abierta, esperando; atrajo su lengua y experimentó con la suya, tanteando. El se aparto y sonrió para animarla.

Encontró la oreja y su aliento calido mando estremecimientos deliciosos por el cuerpo de ella una vez más; le mordisqueó la oreja y lamió el lóbulo. Encontró los nervios tiernos del cuello y la garganta, que despertaron largos espasmos deliciosos por lugares secretos e intactos. Sus manos grandes, expresivas y sensibles la exploraron, sintieron la textura sedosa de su cabello, rodearon la mejilla y mandíbula, recorrieron el contorno de su hombro y su brazo. Cuando llego a la mano, se la llevó a la boca, besó la palma, acarició los dedos uno por uno y siguió la curva interior del brazo.
La boca calida encontró la cicatriz en el hueco de su cuello, siguió el camino entre los senos y rodeó la curva de uno. Hizo círculos cada vez más pequeños con la lengua y sintió el cambio de textura de la piel al llegar a la areola; Ayla jadeó al sentir que le tomaba el pezón con la boca y él sintió que un ardor nuevo palpitaba en sus ijares.
Con su mano siguió el movimiento circular de la lengua en el otro seno, y sus dedos hallaron el pezón duro y erguido. Al principio succionó suavemente, pero cuando ella se tendió hacia él, aumentó la fuerza de succión. Ayla respiraba fuerte, gemía suavemente. La respiración del hombre iba a la par con el deseo de la mujer; no estaba seguro de poder esperar más. Entonces se detuvo para mirarla: tenía los ojos cerrados y la boca abierta.
La deseaba toda y todo al mismo tiempo. Buscó su boca y atrajo su lengua hacia la suya. Cuando la soltó, ella atrajo la de él. Jondalar volvió a encontrar su garganta y trazó círculos húmedos alrededor del otro seno hasta llegar al pezón. Ella se alzó para salir a su encuentro, en aras de su deseo, y se estremeció cuando él respondió atrayéndola.

Con la mano le acariciaba el vientre, la cadera, la pierna; entonces tocó la parte interior del muslo. Los músculos de Ayla ondularon, mientras se tensaba, y después abrió las piernas. Puso la mano sobre el pubis cubierto de rizos de un rubio oscuro y sintió súbitamente una humedad caliente. Se quedó tal como estaba, luchando por dominarse, y casi se rindió cuando sintió otra oleada de humedad en la mano.
Su boca dejó el pezón y formó círculos en el estómago y el ombligo de la joven. Al llegar al pubis, la miró: estaba respirando de forma espasmódica, con la espalda curva y tensa, esperando. Estaba preparada. Le besó el pubis, el vello crujiente, y siguió bajando. Ella temblaba, y cuando la lengua de él alcanzó la parte superior de la hendidura, brincó dando un grito y volvió a caer de espaldas gimiendo.
Su virilidad palpitaba anhelante, impacientes, mientras cambiaba de postura para deslizarse entre las piernas de ella. Entonces abrió los repliegues y los saboreó lenta y amorosamente. Ella no podía oír los ruidos que hacia al sumirse en el estallido de sensaciones exquisitas que la recorrían mientras la lengua de él exploraba cada repliegue, cada borde.
Se concentró en ella para dominar su necesidad apremiante, encontró el nódulo que era el centro pequeño pero erguido del deleite de ella, y lo acarició firme y rápidamente. Temía haber llegado al límite de su resistencia cuando ella se retorció sollozando en un éxtasis que nunca anteriormente había experimentado. Con dos largos dedos penetró en su húmeda cavidad y aplico presión hacia arriba, desde fuera.
De repente Ayla se arqueó y gritó, y él saboreó una nueva humedad.
- Jondalar – le gritó - ¡Oh, Jondalar! Necesito… te necesito… necesito algo…
El estaba de rodillas, apretando los dientes en un esfuerzo por contenerse, tratando de penetrar con delicadeza.
- Estoy tratando de hacerlo con suavidad – dijo, casi dolorosamente.
- No… no me hará daño, Jondalar.

¡Era cierto! No era realmente la primera vez. Mientras ella se arqueaba para recibirlo, se abandonó y entró: no había bloqueo. Fue más allá esperando encontrar la berrera, pero se sintió atraído hacia dentro, sintió sus profundidades cálidas y húmedas bien abiertas, que le abrazaban y le envolvían hasta que, maravillado sintió que lo recibía todo. Se retiró un poco y volvió a introducirse profundamente en ella. Ayla le rodeó con las piernas para atraerle más. Volvió a retirarse y, al penetrar una vez más, sintió que su maravilloso paso palpitante le acariciaba cuan largo era. Fue más de lo que podía aguantar, volvió a empujar una y otra vez con un abandono sin restricción, cediendo por una vez a su necesidad en forma total.
- ¡Ayla!... ¡Ayla!... ¡Ayla! - gritó
La tensión estaba alcanzando la cima; él sentía cómo se acumulaba en sus ijares. Se retiró una vez más; Ayla se tendió hacia él con todo sus nervios y músculos. Él penetró en ella con el placer sensual absoluto de enterrar toda su joven virilidad en el calor anhelante. Se movieron juntos. Ayla gritó su nombre y, dándole todo lo que le quedaba, Jondalar la llenó.
Durante un instante entero, los gritos más profundos de él se mezclaron en armonía con los sollozos de ella, repitiendo su nombre, mientras ambos se estremecían convulsos, en el paroxismo de un placer inefable. Entonces, en un alivio exquisito, cayó encima de ella.


El valle de los caballos - Los hijos de la tierra (2ºlibro)

miércoles, 24 de junio de 2009

encuentro Nora y Jondalar

- Noria mujer, Jondalar hombre- dijo Jondalar, tendiendo la mano de nuevo hacia su seno.
El le sujetó la mano, cogió la taza y sorbió un poco, y a continuación le ofreció a ella de beber. Ella asintió, pero Jondalar le llevó la taza a la boca de modo que ella tuvo que rodear las manos de él para inclinarla y poder beber. Cuando él dejó la taza, volvió a buscar las manos femeninas y las abrió para besarle las palmas con dulzura. Jondalar subió sus manos por los brazos de ella, luego se acercó, agachándose, y le besó el cuello. Ella estaba tensa, con deseo y a la vez con temor.
Jondalar se acercó, volvió a besarle el cuello y su mano se deslizó para cubrirle un seno. Jondalar le echó la cabeza hacia atrás, pasándole su lengua por la garganta, y con la mano comenzó a desatar el cordón del cuello. Entonces movió sus labios hasta la oreja de la joven y a lo largo de la mandíbula hasta encontrar su boca, abrió la suya y le metió la lengua entre los labios.
Se echó hacia atrás sujetándola por los hombros y sonrió. Tenía los ojos cerrados, la boca abierta, y respiraba más aprisa.
Se inclinó sobre ella al empujar la camisa hacia atrás para desnudarle los hombros y descubrir los jóvenes pechos erguidos, con sus areolas hinchadas y sintió que su virilidad palpitaba. Le paso la mano por la columna vertebral y la lengua por el cuello y el pecho; al rodear la areóla sintió que se contraía el pezón y lo succiono con suavidad. Ella jadeo pero no se retiro. Jondalar succiono el otro seno, le corrió la lengua hacia arriba hasta alcanzarle la boca, y mientras la besaba la echó hacia atrás.
Abriendo los ojos, Noria le miro desde el lecho de pieles; tenía los ojos dilatados y luminosos. Los de él eran tan profundamente azules que no podía apartar la mirada de ellos.
Se inclino sobre ella, volvió a besarla y noto que ella abría su boca para tocar la lengua de el con la suya. Acaricio su seno y le paso la lengua por el cuello y el hombro. Encontró nuevamente el pezón, succionando mas fuerte al oír que ella gemía y noto que su propia respiración se aceleraba.
Acaricio su piel desnuda debajo de sus pechos hinchados hasta la cintura. Siguió bajando la mano, y al encontrar la parte interior del muslo, aparto el vello púbico suave como plumón. Noria estiro las piernas mientras él avanzaba su mano por entre sus muslos.
Se puso de pie y contemplo entonces sus curvas suaves y redondas. Jondalar retiro la correa de sus pantalones y se los bajó; la joven dio un respingo al ver el miembro hincha y erecto.
Las miradas de Noria eran atraídas por aquel miembro palpitante. Jondalar le copio la mano, haciendo que lo tocara, y sintió un loco impulso. Noria sintió la suavidad de la piel, el calor, la firme plenitud, y como el miembro se movía ansiosamente en su mano, experimento un escalofrío, una sensación aguda y notó humedad entre sus piernas.
Jondalar se tendió unto a ella y la beso con dulzura. Se sentía atraída, abrumada, y experimento de nuevo la sensación profunda y placentera. Le deseaba. Tendió la mano, cerró los ojos, abrió la boca y se estrechó más contra él.
El hombre la beso, le dejo que explorara su boca, y lentamente fue siguiendo su camino hacia la garganta; entre besos, sin dejar de utilizar la lengua en tanto le acariciaba suavemente el estomago y los muslos, la provoco un poco acercándose al sensible pezón, pero retrocedió hasta que ella le atrajo de nuevo. En aquel momento movió su mano hacia la hendidura cálida entre los muslos de la joven y encontró el nódulo pequeñito y palpitante; Noria dejó escapar un grito.
Succionándole el pezón y besándola con suavidad, fue moviendo los dedos; la joven gimió y meneo las caderas, Jondalar fue mas abajo, sintió que ella ahogaba la respiración cuando hallo el ombligo y que tensaba los músculos mientras el seguía mas abajo y retrocedía de la plataforma para quedar de rodillas en el suelo. Entonces le aparto las piernas y probó por vez primera su sal penetrante. La respiración de Noria estalló en un grito tembloroso; se puso a gemir con cada exhalación, echando la cabeza hacia atrás y adelante, avanzando las caderas para salir a su encuentro.
Con las manos la abrió del todo, lamió sus repliegues calientes, encontró el nódulo con la lengua y se puso a trabajarlo. Mientras ella gritaba, meneando las caderas, la excitación del joven aumentaba. Cuando oyó que Noria respiraba entre jadeos, rápidamente se irguió, todavía de rodillas para poder controlar su penetración. Rechino los dientes para dominarse mientras se introducía en la fuente calida, húmeda y cerrada.
Mientras Noria le rodeaba la cintura con las mientras, notó el obstáculo dentro de ella. Con el dedo, encontró nuevamente el nódulo y se movió adelante y atrás solo un poco, hasta que los jadeos de ella se mezclaron con gritos, y sintió que se alzaban sus caderas. Entonces retrocedió un poco, empujo con fuerza y percibió que había roto la barrera mientras ella gritaba de dolor y placer, al mismo tiempo que oía su propio grito tenso al aliviar su necesidad exacerbada con espasmos estremecidos.

Los hijos de la Tierra - El valle de los caballos
Jean M. Auel

lunes, 23 de marzo de 2009

Observada 2º parte

2º parte

Salí de la ducha con los restos de la botella de vino en la copa, desparramando algunas gotas por el pasillo de camino a mi dormitorio, había bebido demasiado y no era capaz de mantener ni la copa ni a mi misma derecha.
Había sido un día agotador. Me cansaban sobremanera aquellas pesadas comidas de empresa con empresarios de mentes cuadriculadas que estaban más pendientes de mi escote que de los contratos que les ponía frente a sus narices. Los hombres cuanto más mayores más pervertidos, los viejos solían ser los peores, intentando poner sus manos sobre mis piernas al menor descuido o convencerme de que les acompañara al hotel… como si no tuviera mejores opciones.
Mi atractivo solía ser una ventaja en los negocios, pero a veces resultaba agotador mantener sus manazas lejos de mí o que firmaran sin que tuviera que prometerles nada que me pusiera en un aprieto.
Al llegar a casa llené la bañera de agua tibia, me desnudé y me sumergí entre espumas con una botella de vino que tenía a medias. Mi intención era relajarme entre aromas de incienso y una copa de vino, pero el estupor provocado por los vapores y los penetrantes olores me habían llevado a una copa tras otras hasta acabar la botella.
Una vez en mi habitación le di el último trago al vino y dejé la copa en la mesita de noche. Con la piel un poco arrugada por pasar tanto tiempo en el agua y el albornoz a medio atar me dejé caer en la cama, mareada por el vino y oliendo a incienso y espuma de rosas, mi cuerpo quedaba medio desnudo sobre la cama, aún a medio secar, y mi pelo estaba recogido en un destartalado moño.
Tras unos minutos en los que todo el dormitorio dio vueltas a mi alrededor, intenté levantarme de la cama, pero el mareo hizo que cayera sobre la cama, provocándome un ataque de risa. Me mordí el labio, sentía un hormigueo entre los muslos y mi mente estaba juguetona.
Volví al intento de ponerme en pie, esta vez con éxito. Algo me hizo mirar por la ventana, me sentía observada.

Allí estaba él, mi voyeur.

Iba vestido con unos boxer, descalzo y sin camiseta. Me estaba mirando otra vez, con una sonrisa en la boca, puede que por haberme visto caer sobre la cama mareada o porque estaba con un muslo fuera del albornoz y mostrando un pecho.
Sin molestarme siquiera en cubrirme lo saludé divertida.
Me devolvió el saludo con la mano.
Me paseé de un lado a otro del gran ventanal del dormitorio. Mi cabeza estaba maquinando perversiones y proyectando sucias imágenes, mientras recordaba como me había estado observando practicar sexo con otro hombre.
El vino me había hecho perder la poca vergüenza que me pudiera quedar, y mi mano empezó a pasearse por mi estómago, dejando entrever más pedazos de mi piel desnuda. Él se tensó y se acercó más al cristal, pero aún sonreía.

Coloqué un pequeño sillón junto a la gran cristalera y me senté, justo frente a él. Mi mano me cosquilleaba la barriga y la otra descansaba en lo alto del sillón, sobre mi cabeza. Empecé a abrir el albornoz hasta dejar mi cuerpo al descubierto por completo para deleite de sus ojos, que se abrieron de forma exagerada cuando una de mis piernas se colocó sobre el reposabrazos dejando mejores vistas del lugar que mi mano estaba a punto de visitar.
La mano que acariciaba mi barriga se deslizo con suavidad hasta mi entrepierna, y la que remoloneaba con mi pelo se trasladó a mi pecho tras una parada en mi boca para humedecer los dedos. Mis pezones que ya estaban sensibles después del baño se irguieron fuertes con el mínimo roce.
Me masturbé y masajeé el clítoris mientras me observaba. Su sonrisa fue desapareciendo para poner ojos ansiosos. Colocó las manos sobre el cristal como si quisiera atravesarlo para llegar hasta mí y tocarme. Los calzoncillos estaban más abultados que hacía unos minutos.
Coloque la pierna que aún quedaba relajada sobre el otro reposabrazos, dejándolas totalmente separadas para facilitar más mis caricias y mejorar su perspectiva de visión.
Seguía tocándome, el vino seguía fluyendo por mi sangre y me sentía arder la piel.
Cerré los ojos para dar paso a mi imaginación, que lo situó de rodillas frente a mí, sustituyendo mi mano por su lengua, que me acariciaba y saboreaba mi cuerpo con cada roce.
Mis dos manos se dedicaron por completo a aquel punto palpitante y chorreante de excitación. Una abría paso y me rozaba el clítoris mientras la otra se introducía camino de mi vagina, moviéndose nervioso buscando los puntos que me erizaban la piel.
Primero con uno, luego con dos dedos… aquello no era suficiente… lo imaginé desnudo, con aquel instrumento duro y erecto jugueteando entre mis piernas. Los movimientos de mi mano se hicieron más bruscos, arqueando mi espalda. Mis caderas se movían como si él estuviera allí empujándome y penetrándome hasta el fondo, fuerte, agresivo… más más más más…

Abrí los ojos de tal forma que parecía que fueran a salirse de las órbitas, aunque todo estaba nublado por el estallido que estaba sucediendo dentro de mí. Saqué las manos totalmente empapadas. Me faltaba el aire, pues había estado aguantando la respiración durante el orgasmo, y volví a respirar de forma acelerada y agitada.
Lo miré. Estaba apoyado en el cristal con una mano y la otra dentro de los calzoncillos, que ahora tenían una mancha producto de su propio orgasmo. Aquello me resulto gracioso y le dedique una sonora carcajada.
Volví a cerrar las piernas y me levanté, lo miré fijamente mientras paseaba mi lengua de forma provocativa por el contorno de mis labios, luego, mientras me cerraba la bata de baño le lancé un beso y cerré las cortinas…
Había sido una experiencia excitante e interesante. Aquella noche ya podría dormir de forma placentera y sosegada.


Nana

viernes, 20 de marzo de 2009

Observada

Estábamos metidos en la cama desnudos, tocándonos por todo el cuerpo. Aun íbamos por la fase de preliminares pero yo estaba sumamente excitada. Dos cuerpos sudados, acelerados y ansiosos.
Hacia tanto calor que ni nos habíamos molestado en cerrar la ventana y las sabanas estaban desparramadas por el suelo… así que no debió sorprenderme que hubiera ojos curiosos observándonos… Puede que por la falta de recato del momento o por la dosis de alcohol, no me molesto. Por suerte solo yo me di cuenta porque puede que mi acompañante no se lo tomara tan bien como yo.

Al principio no le hice mucho caso, estaba pendiente de otra cosa más interesante para mí, en ese momento… pero después de un rato volví a mirar hacia la ventana y seguía allí, observándonos mientras practicábamos sexo y nos revolcábamos como animales…
Decidí prestarle más atención y considerarlo un elemento más de excitación. Le gustaba lo que veía, se leía en su rostro que se estaba excitando solo de mirarnos, y eso a mí me calentó aun más…
El chico me resultaba familiar. Era el piso justo enfrente del mío, a la misma altura. Era un chico atractivo. A veces hacía ejercicio con las cortinas abiertas, sus abdominales eran un regalo para la vista… y se podía intuir que el resto de su cuerpo también.
Estaba serio, pero creo poder adivinar que tenía la mandíbula apretada por la tensión. Nos miraba fijamente, con los brazos fuertemente apretados a los costados de su cuerpo.
Cuando se percató de que yo lo estaba mirando intentó desviar la mirada avergonzado… pero tras echar un vistazo de reojo y ver que yo seguía mirándolo volvió a dirigirse a mí.
En ese momento yo estaba sentada a horcajadas sobre aquel hombre que había conocido hacía un par de semanas en un bar, y que me estaba sirviendo de entretenimiento para

aquella aburrida tarde de domingo. Habíamos girado estratégicamente en la cama de modo que yo estaba de frente a nuestro indiscreto espía. Me contoneaba arriba y abajo, penetrando el duro sexo masculino en mi cuerpo y cabalgando en el como una amazona.
Miré hacia el chico al otro lado de la ventana fijamente, dedicándole una intensa mirada acompañada de una malévola sonrisa… “te gusta lo que ves verdad?”. Estaba más excitada por el hombre en la distancia que el situado entre mis muslos….
Su gesto se había relajado, ya no parecía enfadado. Estaba complacido por mi actitud, me provocaba con la mirada a que siguiera moviéndome.
Me apretaba los pechos y me lamía las yemas de los dedos. Los movimientos de mi cuerpo se fueron haciendo más rápidos conforme alcanzaba el clímax. Cerré los ojos con fuerza y me dejé llevar por la intensidad del momento hasta que tanto el cuerpo situado debajo de mi como el mío se convulsionaron por el impacto de un orgasmo.
Me dejé caer a un lado de la cama, exhausta y aun mas sudada que al principio.
Cuando conseguí recuperar el ritmo cardiaco volví a mirar a la ventana pero él ya no estaba. Solté un profundo suspiro de frustración y me quedé dormida, despertando en mitad de la noche, ya sola, y aún desnuda y excitada tras soñar con mi improvisado voyeur.

Nana

miércoles, 18 de marzo de 2009

pide un deseo

espero el dia que te des cuenta que estas loco por mi... que vengas rogandome mi amor... ese dia te dire:

"Ahora que eres mío voy a devorarte hasta que no quede de ti más que sudor y gemidos de placer"


Nana

martes, 10 de marzo de 2009

Encontrado en la red

El lenguaje es un tanto vulgar, pero no me gusta por como lo cuenta... me gustar por la historia que cuenta...

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Había sido una tontería, una estúpida apuesta de sábado por la noche, de las que se hacen cuando se lleva encima alguna copa de más. Me jugué con mis amigas Tona y Marta que si que era capaz de acostarme con un tío de los anuncios de relax, con un profesional del sexo, ellas me pagaban el polvo y, si no lo hacía, debía invitarlas a cenar a un restaurante de la ciudad (mínimo 60 euros por cabeza).

Y el lunes por la tarde, allí estaban ellas en la puerta de mi trabajo, agitando en el aire en cuanto me vieron las páginas de anuncios eróticos del diario, riendo como bobas, para recordarme el envite. Entramos en una cafetería a tomar algo y a que escogiera la mercancía, era el único privilegio que me dejaron. Seguían riendo sin parar y haciendo comentarios supuestamente picantes. Me encontraba incómoda; pero no iba a darles el gusto de la victoria. Mi vida sexual era suficientemente activa para satisfacer mis necesidades, me consideraba atractiva y no me costaba esfuerzo llevarme a los hombres a la cama; así que nunca había hecho uso de ese tipo de servicios.

Me puse a leer los anuncios, buscando algo que como mínimo me resultara atrayente (y caro. Ya que pagaban ellas, no iba a mirar el precio). Entre docenas de anuncios en los que se mercadeaba con las habilidades y atributos sexuales de mujeres que ofrecían placeres sin fin, aparecían algunos (pocos) que iban dirigidos a mujeres deseosas de compañía masculina:

"JOVEN de compañía para damas solitarias... ". No me atraía en absoluto, tenía pinta de gigoló para menopausicas aburridas.
"CESAR, para mujeres, musculoso y BD. Te llevaré al cielo. También parejas...". ¡Que asco! Seguramente sería una de esas masas de músculos grasientos y además era un fatuo.
"TOMÁS, 25 años, chico negro de alto standing. Activo y pasivo. Apartamento, hotel y domicilio...".
Lo del "alto standing y la fama que tienen los hombres de color, me pareció excitante.

¿Éste, Alicia? Pero si es un chapero, un chico para maricas.- Dijeron al unísono mis amigas, asombradas de mi elección.
- Y qué. Es un hombre, tendrá entre las piernas lo que se ha de tener y por dinero hará cualquier cosa.

Llamo, pregunto y salimos de dudas.- Dije, manteniendo mi elección. Saqué el móvil de mi bolso y marqué el teléfono de contacto que se daba. Una voz cálida y con un ligero acento contestó:

-Siii.
-Hola, llamó por el anuncio. ¿Puedes recibirme ahora?- Pregunté directamente.
-¿Eres una mujer, no? ¿Ya has leído bien el anuncio?- Respondió extrañado.
-Sí, sí, lo he entendido perfectamente; pero he pensado que, si pago, te daría lo mismo hombre que mujer.

Acordamos el precio, me dio una dirección en la mejor zona de la ciudad y hacía allí fuimos las tres. Dejé a mis amigas esperando en un bar próximo y subí al piso del chapero.

Cuando se abrió la puerta me encontré con un cuerpo escultural, negro como el azabache y vestido con una camiseta de tirantes ajustada y unos pantalones de deporte ambos blancos inmaculados. Me hizo pasar y cerró la puerta.

Lo observe detalladamente. Estaba como un tren: Algo más alto que yo, ancho de espaldas, unos hermoso pezones marcados bajo la ropa, cintura estrecha y vientre plano y bajo el pantalón se adivinaba que hacia honores a la fama de su raza. Mis pensamientos escaparon por mi boca:

-¡Que pena que con ese cuerpazo sea gay!
-Y a ti quién te ha dicho eso.- Espetó, aparentando estar ofendido.

Se acercó y llevó mi mano a su paquete.

Mira como me has puesto con sólo verte y pensar que voy a follarte hasta que no puedas más.- Musitó en mi oído, mientras que mi mano sentía como algo se movía y crecía, haciéndome intuir lo que podía esperarme.

Allí mismo me quitó la blusa y la falda, dejándome sólo con el minúsculo tanga que llevaba como única prenda interior. Sus gruesos labios de negro chuparon mis pezones y su enorme mano acarició mi pubis, lenta y suavemente. Sus modales eran muy delicados; pero a la vez controlaba la situación. La verdad, es que me estaba poniendo caliente; pero quise mantener distancias.

Desnúdate.- Le ordené.- Quiero ver que me ofreces.

Este relato no es mio... pero me gusto bastante cnd lo lei...

Voluptuosamente y de manera intencionadamente pausada se quitó la camiseta con lo que pude observar con detalle su musculatura. Era como me gustan los hombres, fuertes y robustos; pero sin musculatura artificialmente desarrollada.

Ondeaba las caderas, y lujuriosamente mostraba la punta de su lengua entre sus amplios labios. Movía las caderas adelante y atrás, se acariciaba provocativamente el paquete y coquetamente se dio la vuelta bajándose los pantalones. Ante mi vista apareció un culo perfecto, redondo, terso y firme; y entre sus muslos se observaban los hermosos cojones que pendían libremente y se movían al ritmo lascivo que marcaba su cuerpo.

Bruscamente se volvió hacía mí y sosteniendo los testículos con la mano izquierda y lustrando con saliva la verga, se acercó hacia donde estaba. El espectáculo era tremendo. No tenía la polla muy larga; pero su diámetro era extraordinario y su cabeza más gruesa todavía. Aquel ariete avanzaba a mi encuentro sin detenerse. Sin darme tiempo a nada, me tomó en volandas hasta sentarme en un mueble adosado a una pared, me quitó las bragas y clavó de un golpe su miembro de ébano en mi sexo que ya deseaba recibirlo.

-No, sin condón, no...

No me dio tiempo a acabar la frase. Sentí como las paredes de mi vagina se dilataban infinitamente para recibir aquel cilindro de carne, negro como la noche, duro como el mármol y cálido como un hierro candente. Lentamente me fue diciendo al oído:

-Disfruta y no te preocupes. No me correré. Si quieres mi semen, es tarifa extra. Si eyaculara con todos mis clientes, no aguantaría el ritmo de trabajo.

- No es por eso. Tomo anticonceptivos.- Respondí casi sin poder hablar por las oleadas de sensaciones que desde mi sexo se irradiaban a todo el cuerpo.

-Si es por miedo a contagios, luego te enseño todos mis certificados médicos. Me cuido, mi clientela paga mucho para follar seguros. Pero si quieres la saco y me pongo un preservativo.- Respondió el cabrón, sabiendo de sobras mi respuesta.

- Nooo, ahora no la saques.- Le rogué cerrando mis piernas sobre su cintura para que no se fuera. Me sentía colmada, ahíta de carne.

Se movía lentamente, su polla trasmitía a las paredes de mi vagina el rítmico vaivén de sus caderas. Nunca había sentido un miembro como éste dilatándome de aquella manera y yo seguía apretándolo contra mi coño para frotar mi clítoris contra su pubis poblado de recio y rizado bello. Iba camino de la gloria.

-Podemos estar así el tiempo que quieras; pero así no haremos nada.- Musitaba en voz baja, mientras mordisqueaba mi cuello, mis orejas y acariciaba mis senos que estaban duros y erectos.

Muy a mi pesar, cedí y él lentamente se fue retirando de mi interior. Pero al llegar al final, cuando sentía su enorme glande en la embocadura de mi vagina, dio un golpe seco y volvió a meterla hasta el fondo haciéndome gemir de placer. Repitió aquello varias veces; se retiraba de manera exasperantemente lenta y embestía hasta llegar al fondo de un modo salvaje. Creí desfallecer; pero finalmente, me tomó de la mano y me llevó hacía una habitación.

Decorada con espejos en todas las paredes y el techo, la cámara tenía en el centro una cama con sábanas de raso crudo. Me tumbó de espaldas y el tacto frío y suave de la ropa de cama y las inesperadas vibraciones de un colchón de agua que se movía bajo mi peso, me producían voluptuosos escalofríos en todo mi ser.

Separó delicadamente mis piernas y su boca se hundió en mi sexo húmedo y hambriento de sensaciones. Si con su polla había creído reventar, su lengua y sus carnosos labios me estaban llevando al paraíso, haciéndome gritar y convulsionarme con cada nuevo estimulo. Metía su lengua hasta lo más profundo de mí ser con una maestría sin par, mordisqueaba mis ninfas con sus blancos dientes hasta el delgado límite entre el placer y el dolor y chupaba mi clítoris duro y ardiente con sus carnosos labios africanos.

Por fin, sentí su verga penetrarme de nuevo. Era como un taladro duro y ardiente que separaba mis entrañas, partiéndome en dos, su carne frotándose en mi interior y su cálida voz diciéndome acompasadamente con sus envestidas: "Goza, goza, goza...", me hacían enloquecer.

Casi perdí el sentido cuando un orgasmo explotó en mí, como un río que se desbordaba. Mi vagina se cerró como un cepo sobre aquella verga diestra y poderosa. Por sorpresa, él contrajo todo su cuerpo en un tremendo espasmo, su miembro profundizó hasta el límite en su avance y descargó en mí interior mares de semen. Quedamos exhaustos uno junto al otro; me miraba, sin saber que decir.

-¿Me vas a cobrar la tarifa extra? Yo no lo he pedido.- Pregunté con sorna.

No, no te voy a cobrar nada. Es mi primer polvo con ganas en muchísimo tiempo.- Respondió Tomás sonriendo y con cara de felicidad.

-¿Dónde puedo asearme?- Pregunté levantándome

Cuando salí de la ducha, él no estaba. Escuché música y su voz que me llamaba. Lo encontré en otra habitación; era un despacho amueblado y decorado con un gusto impecable y funcional. Una librería atestada de libros de literatura, historia, filosofía, etc., que a todas luces eran utilizados frecuentemente, cubría todas las paredes y una mesa con un ordenador y llena de papeles con señales inequívocas de que habían estado trabajando hacía poco tiempo, demostraban que aquel era un lugar de trabajo y no meramente decorativo.

Tomás estaba sentado en un sencillo sillón de piel teñida de beige claro, sobre el que resaltaba el oscuro color de su epidermis, todavía perlada de gotas de agua de haberse duchado, y en una mesa auxiliar, de moderno diseño pero sin extravagancias, había dos vasos llenos de burbujeantes bebidas frescas.

Tenía los ojos entornados escuchando la tenue música clásica que llenaba el ambiente.

-Como no sabía lo que querías te he puesto una Cola; si quieres otra cosa dímelo.

- Esta bien.- Le respondí absolutamente sorprendida por lo que veía.

Telefoneé a mis amigas, para decirles que no esperaran más. Me senté desnuda frente a él en una especie de saco amorfo del mismo color que el sillón y relleno de un material, que adoptó mi forma con sólo mi peso. Lo miré en silencio durante un buen rato. Era realmente guapo, de facciones exóticas; pero guapo. Rompí aquel acogedor silencio con una audaz pregunta:

-¿Si no eres homosexual, por qué haces de chapero? Y por lo que puedo ver de chapero culto y con dinero.

Creo que tenía ganas de contarlo, fue como una catarsis, empezó a hablar y hablar explicándome su vida. Había llegado a España hacía unos años con una beca para estudiar aquí y que apenas le daba para vivir. Una tarde, a la caída del sol, paseando por un parque público se le acerco un hombre maduro muy bien vestido y le preguntó que cuanto cobraba. Sorprendido, dijo no entender a que se refería y entonces el hombre le explicó que aquel sitio a aquella hora era un lugar de contacto de chaperos y clientes. Le ofreció dinero por ir con él, más dinero del que él veía junto nunca, y aceptó. En un hotel se la dejó mamar por aquel hombre y se lo folló más por intuición que por conocimiento. Al acabar, el improvisado cliente alabó sus atributos sexuales y le propuso ser su protector a cambio de sus favores sexuales. Y volvió a aceptar, el dinero fácil fue una tentación invencible para él.

El protector le presentó a amigos suyos, que le pagaban generosamente por sus servicios, y se hizo una clientela que hizo posible salir de la precariedad económica. Un día le dijo que un conocido quería pasar una noche entera con él; pero que quería su culo, quería estrenar un ano virgen de negro. Hasta aquel momento, nunca le habían penetrado, siempre era él el follador, y se negó; pero nuevamente el dinero le venció, todo parecía ser cuestión de precio. Al final no fue tan difícil, era un cincuentón "pichafloja" y no sintió nada especial cuando irrumpió por primera vez en su interior.

Todos sus clientes eran famosos o ricos, pagaban lo que les pedía, y él, cuando los veía en las noticias y en la revistas de sociedad, los despreciaba. Pronto su vida cambió, cambió profundamente; sus ingresos le permitieron instalarse donde vivía ahora, en uno de los mejores barrios de la ciudad, y dedicarse a los que realmente le gustaba, financiándolo con su polla, su culo y su boca. Estudiaba periodismo y tenía en mente escribir un libro sobre sus vivencias.

Mientras hablaba y sin que lo notara, me había ido acercando a él y apenas hubo acabado de hablar, tomé su sexo flácido y me lo llevé a la boca.

-Me he quedado con ganas de probarlo.- Dije riéndome.

- No por favor, no lo hagas. A ti no te puedo negar nada, ya has visto que contigo no me contengo y dos corridas seguidas harán que hoy no pueda recibir a nadie más.- Imploró mirándome a la cara.

- Ni hoy, ni nunca recibirás a nadie más. Quiero tu polla para mí sola. Así que viviremos juntos. Soy periodista, y te buscaré trabajo en mi periódico. Seguirás estudiando, acabarás la carrera y escribirás ese libro. De todo me encargo yo.
Cada frase era intercalada con un lametón que hacía que cada vez la verga estuviera más dura y erecta.

Alicia observó triunfante aquella asta negra, suave y brillante que tenía entre las manos. Casi no le cabía en la boca; pero la chupó y chupó hasta que tuvo entre sus labios un dulce de chocolate y nata que le supo a gloria.

Fantasias II

Allí estaba, delante de la puerta… esperando que abriera, con dos sensaciones bien distintas recorriendo mi cuerpo. Por un lado nervios, mis rodillas estaban a punto de chocar por los temblores; por otro lado la excitación que me acaloraba.

Tuve que hacer sonar el timbre dos veces antes de que me abriera la puerta, era evidente que estaba durmiendo, aún tenía los ojos medio cerrados y el pelo enredado.

“¿qué haces aquí a estas horas?” y luego de un vistazo añadió “¿tanto frío hace que vas con el abrigo largo…? Me da calor sólo de verte”

Con ese comentario fui incapaz de reprimir una sonrisa… espera a ver el resto me dije para mis adentros.

“pasaba por aquí, y me apetecía darte una sorpresa”

Mi sonrisa le hizo devolverme una mirada desconfiada.

Entramos y él se dirigió al salón conmigo pisándole los talones. Apartó la mochila del sofá y se tiró quedando medio tumbado.

Yo seguía con el abrigo cerrado del cuello a las rodillas y las manos en los bolsillos, con los tacones haciendo ruido a cada paso, mientras me paseaba de un lado a otro del salón.

Se incorporó un poco y se sentó en el sofá mirándome, las piernas separadas, los codos apoyados en las rodillas y la espalda encorvada hacia delante… y decidí que había llegado el momento.

Me desabroché el abrigo y lo dejé en una silla. El efecto fue inmediato, se echó para atrás con la espalda pegada al respaldo del sofá, los ojos como platos y la boca ligeramente abierta, incluso era evidente el cambio que se había producido en el interior de los pantalones de chándal. Puse mi cara más inocente y me miré a mi misma, vestida únicamente con la ropa interior, y las medias enganchadas a las tiras del liguero.

“¿ocurre algo?... vaya, debí olvidar ponerme el vestido… con lo bonito que era el que había elegido hoy… cada día estoy más despistada”

Él continuó sin hacer movimiento ni sonido alguno. Coji mi abrigo de la silla.

“si te molesta me pongo el abrigo otra vez… aunque creo que aquí está empezando a hacer un poco de calor… no crees?”

Me hizo un gesto con la cabeza que interpreté como que no quería que me pusiera el abrigo y con un movimiento de caderas un tanto exagerado me acerqué al sofá y me quedé de pie frente a él, con las manos en jarra y mirada aparentemente distraída… ahora era su turno.

Tras un par de minutos embelesado recorriéndome con la mirada de arriba abajo por fin recobró la compostura. Sus ojos llamearon de la forma que estaba esperando, y sus músculos se destensaron. Me acarició las rodillas y fue subiendo por mis muslos hasta mis nalgas, me acariciaba con suavidad mientras yo hacía como si no estuviera pasando nada, reprimiendo las ganas de saltar sobre él.

De forma repentina tiró de mí por el brazo y me tumbo en el sofá colocándose de forma tan rápida sobre mí que apenas me dio tiempo a procesar lo que acababa de hacer, y un gritito de sorpresa rompió el silencio de los últimos minutos.


La mirada con la que me observaba era como si tuviéramos un dialogo te pensabas que tenías el control verdad guapa? Pues no, aquí mando yo, vas a ser una buena chica y vas a hacer lo que te diga. Esa mirada me excitaba tanto que me enloquecía. Mi pecho se hinchaba por la fuerte respiración. Estaba encima mía pero apenas sentía el peso de su cuerpo, salvo una pequeña presión de su entrepierna.

Me tocó los labios con la yema de los dedos, mientras me besaba el escote con suavidad, pensaba que se quemaría con el calor que desprendía mi cuerpo… su mano se traslado de mis labios a mi estomago y su boca a la mía… mi corazón cada vez se aceleraba más adivinando sus intenciones, y empecé a sentir como mi cuerpo respondía a sus caricias y sus besos provocando un fuerte fuego entre mis muslos.

Su mano se deslizo por mi estómago y empezó a acariciarme por encima del tanga.

Mi lengua rozaba la suya de forma frenética. Su aliento me quemaba de una forma que me mareaba. Mi cuerpo empezó a moverse al ritmo que sus manos indicaban, a esas alturas yo ya había perdido el control por completo.

Mientras una mano se dedicaba a la parte inferior de mi cuerpo la otra me desabrochó hábilmente el sujetador dejando mi pecho desnudo. Dejó de besarme y me miró fijamente a los ojos, mi boca había quedado entreabierta y respiraba ruidosa y agitadamente.

Tenía los ojos cerrados pero pude sentir su húmeda lengua en mi pecho, lamiendo mis rígidos pezones mientras terminaba de torturarme tocándolos a la vez con la mano libre.

Cuando consiguió arrancarme un suspiro quejicoso de placer empezó a deslizarse cada vez más abajó.

Mi cuerpo quedó desnudo y desprotegido tendido en el sofá, con él de rodillas en el hueco entre mis piernas mirándome. Mis manos recorrían mi propio cuerpo intentando calmar el frío provocado por la ausencia de sus manos sobre mí, y eso pareció agradarle aún más.

Desabrochó las tiras del liguero y me quitó la prenda de ropa interior que le estorbaba… luego deslizo su boca hacia la zona más sensible de mi cuerpo.

Mis manos agarraban y acariciaban mis pechos mientras mi respiración era cada vez más frenética. Mis rosillas parecía que tuvieran dos imanes que se repelían y las hacia alejarse cada vez más la una de la otra.

Mis caderas se elevaron un poco para dejar mejor acceso a sus besos y empezó a contonearse al movimiento de su lengua.

Mi boca empezó a expresarse por sí sola… si… sigue… susurraba. Y a cada palabra su trabajo se hacía mas intenso y profundo… mmmmm… sí… más… más… aunque resultaba muy duro reprimir las voces en mi cabeza que le gritaban a todo pulmón que me follará hasta dejarme sin respiración.

Mis manos se enredaron en su pelo presionando su cabeza más entre mis piernas… me sentí a punto de estallar y parecía que el contacto de ese momento no era suficiente para el estallido final… necesitaba sentirlo más dentro.

Un fuerte gemido salió de mi garganta, supongo que la señal que necesitaba para saber que estaba preparada.

Se levantó del sofá y en dos movimientos rápidos se desnudo y se volvió a colocar otra vez sobre mí, besándome de forma frenética.

Pude sentir perfectamente la dureza y firmeza de su excitación en mis muslos… estaba tan ansioso como yo.

Mis uñas se agarraban a su espalda arañándolo y sus manos se enredaban en mi pelo dándome pequeños y suaves tirones.

Entonces levantó un poco su torso y se deslizó dentro de mí. Su rostro a un palmo del mío le permitía una buena visión de mis reacciones. Yo sabía perfectamente como le gustaba mirarme mientras hacíamos el amor y que le excitaba sobremanera ver el rostro reflejado en mi rostro. Yo aguantaba la respiración, me mordía los nudillos, e intentaba no gritar, hasta que llegaba un momento que la sensación era tan fuerte que empezaba a gemir, y esos gemidos iban subiendo de intensidad, pero sin ser demasiado escandalosos gracias a dios… o haría meses que los vecinos nos habrían echado a patadas.


Era increíble el aguante que podía tener, con cada empujón de sus caderas mi sentido de la realidad desaparecía cada vez más, el mundo a nuestro alrededor se desvanecía, quedando sólo nuestros cuerpos desnudos. ¿y qué si estábamos en un destartalado sofá en un piso mugriento? En aquel momento yo sólo sentía la fuerza de su cuerpo y sólo oía los latidos de nuestros corazones.

Al final su rostro fue perdiendo la concentración del momento y su garganta empezó a liberar pequeños gruñidos… signo de que estaba cerca…

El movimiento de sus caderas fue haciéndose más rápido y fuerte, hasta que se me nublaron todos los sentidos y el orgasmo invadió cada milímetro de nuestra piel.

Allí quedamos, desnudos, sudorosos, respirando de forma dificultosa… y totalmente satisfechos.

Nana

Fantasias I

Ninguno de los dos dijo nada durante el camino. Yo a penas me movía de mi asiento, incluso era capaz de sentir mis medias al rozarse entre sí por el movimiento de mis piernas, que sonaban especialmente fuerte en aquel silencio.

A veces daba la sensación que se veía tentado a pasar su mano de la palanca de marchas a mi rodilla, yo lo vigilaba atenta esperando que lo hiciera mientras dudaba si poner mi mano sobre la suya para calmarlo. Pero ambos éramos conscientes de la tensión del momento y que cualquier movimiento podía provocar un estallido imposible de frenar.

Por fin llegamos a nuestro destino. Unos sudores fríos recorrían todo mi cuerpo, era irracional estar nerviosa, habíamos hablado de ese momento y ambos lo esperamos con ansia. No queríamos que fuera algo impulsivo y queríamos estar seguros de estar preparados para dar el paso… y ese momento había llegado. A pesar de todo, a penas podía controlar que las piernas no me fallaran, y dejaran de mantener mi cuerpo en pie.

Él estaba tenso, probablemente tan nervioso como yo. Aunque no dijera nada, sabia que tenía cierto temor a fallar, algo que a mi no me preocupaba. Ambos teníamos grandes expectativas para aquella noche… y la tensión en un hombre puede afectar a su hombría.

Caminé un paso detrás de él mientras me guiaba hasta la casa para que no viera que me ruborizaba por segundos. No podía controlar las imágenes en mi cabeza, todas las fantasías, los planes para aquel día, las ideas para convertirlo en algo especial, inolvidable y excitante… me provocaban un cosquilleo que bajaba por mi estómago.

La suave brisa del mar acariciaba mi rostro y se colaba por debajo de mi falda erizando mi nuca. El olor a playa me resultaba muy agradable, se detuvo a esperarme pues me había rezagado, me tomó la mano y sacó la llave de la puerta frente a él. El corazón empezó a latirme más deprisa.

Me dio paso para que entrara antes que él, entró y cerró la puerta. Cuando me di la vuelta para mirarlo estaba cn la espalda apoyado en la muerta y sus ojos llameaban como una hoguera…

Antes de poder quitarme siquiera la chaqueta se abalanzó sobre mi como un rayo y empezó a besarme con pasión. Mi bolso cayó y el abrigo se deslizo por mis brazos hasta posarse ambos en el suelo.

Me empujo con delicadeza hasta apoyarme contra la pared. Estaba tan pegada a su cuerpo que podía sentir los latidos de su corazón acelerado. Nuestras respiraciones eran rápidas y entrecortadas.

M había agarrado de las muñecas colocándolas por encima de mí cabeza impidiéndome moverlas.


Mientras me besaba pude saborear la regaliz de sus chicles favoritos. Podía sentir su suave aliento en mi boca… calido y ansioso. Deslizo una de sus manos acariciando mi cara, mientras yo seguía con mis manos aprisionadas y mi cuerpo apretado entre su cuerpo y la pared.

Me besaba el cuello mientras con la yema de los dedos acariciaba mis labios, provocándome un escalofrío que recorría toda mi espalda. Su mano descendió por mi cuello haciéndome unas agradables cosquillas y siguió bajando por mi escote hasta llegar al pecho.

Todo me daba vueltas, no podía pensar con claridad. Podía sentir el placer y la excitación saliendo por cada uno de los poros de mi piel y un gemido se escapo de mi garganta provocando que tanto sus manos como sus labios se volvieran más deseosos, e incluso agresivos, pero siempre de modo agradable y seductor.

Notaba como su rodilla me acariciaba entre los muslos mientras un calor húmedo recorría mi cuerpo. Mi cerebro funcionaba tan deprisa que apenas podía distinguir mis pensamientos “¿donde estaba el dormitorio?... puede que el salón esté más cerca y provisto de un buen sofá”, incluso pensé en quedarnos allí mismo sobre el frío suelo…

Quería arrancarle la camisa con los dientes si era necesario, quería sentir su mano sobre mi piel desnuda y tocar sus duros músculos. Empezó a desabrochar los botones de mi camisa, y eso hizo saltar un resorte en mi cabeza… No!

Eso no era lo que tenía pensado, tenía planes para aquella noche y había imaginado hasta el último detalle lo que quería hacer y como lo quería hacer, como lo seduciría poco a poco y le haría arder de pasión por tocarme y besarme.

Aun sentía la presión del liguero en mis muslos, y las ballenas del corsé en mis costillas… a decir verdad toda la ropa interior ardían sobre mi piel.

Logré liberar mis manos de su prisión y lo empuje despacio, pero firme, hasta apartarlo de mí. Sus ojos me miraban desconcertado, pero cuando los míos le devolvieron la mirada picara se relajo y el fuego volvió a prender en su mirada.

Antes de que se abalanzara de nuevo sobre mi recogí mi bolso y mi abrigo del suelo y los deje en una silla del salón. Busque el dormitorio principal… estaba tal y como esperaba.



Lo agarré de la camisa y tiré de él hacia el interior del dormitorio, cerré la puerta y lo empujé para que cayera sobre la cama... “relájate y disfruta del espectáculo”…

…y así empezó una interminable noche de amor, lujuria y desenfreno.

Nana